miércoles, marzo 30, 2005

Han despedido a Carlitos. No sé cómo ha pasado porque no me he enterado por él, sino por Marta, que es la que me lo ha contado hoy cuando he coincidido con ella a la hora de la merienda y le he preguntado si sabía algo de Carlitos, porque hoy tampoco ha venido a la oficina. Me he sobresaltado tanto cuando me lo ha dicho que se me ha atragantado el bollo que me estaba comiendo. Cuando me he recuperado le he preguntado si le habían dicho qué ha pasado, pero me ha contado que eso era lo único que sabía, que le han despedido, que se enteró ayer cuando fue a hacer unas fotocopias al sótano con Javier, de contabilidad.

Estoy desconcertado. No sé qué ha podido pasar. Espero que no sea que le han pillado fotocopiando su fanzine. Llevo llamándole a casa desde que he vuelto de la oficina, pero no me coge el teléfono nadie. Seguiré insistiendo, a ver si puedo quedar mañana con él para que me cuente qué ha pasado.



martes, marzo 29, 2005

¡Estoy súper contento! Yo pensaba que lo de pasar la Semana Santa en el pueblo de los tíos iba a ser un aburrimiento, pero al final fue todo lo contrario. Bueno, el jueves y el viernes sí que fueron un poco rollo, pero el sábado por la mañana, mientras organizaba mi listado de colecciones, el tío Miguel me dijo que le acompañara al desván, que tenía algo para mí. Subimos y bajó una caja de lo alto del armario que tenía casi escondida entre su colección de revistas de señoras. La caja estaba llena de polvo, así que sopló sobre ella antes de abrirla y, al hacerlo, me quedé boquiabierto.

En su interior habían dos paquetes, uno envuelto en una bolsa de tela y el otro en un papel. El de la bolsa de tela contenía un estuche con un juego completo de compás, tiralíneas incluido. Una auténtica pieza de coleccionista. Mi tío me dijo que fue el compás que utilizó mi abuelo cuando trabajó de delineante, y que luego lo heredó mi padre en el colegio. Pero si el contenido de este paquete ya me fascinó, el del segundo me dejó completamente helado de la emoción.

Según me contó mi tío, al parecer mi abuelo no sólo trabajó de delineante, sino que durante algún tiempo estuvo trabajando en una imprenta. El segundo paquete, el que estaba envuelto en una hoja de papel, contenía unas piezas de metal súper chulas que mi abuelo utilizaba para escribir los carteles que le encargaban. Dice mi tío Miguel que eso fue parte de la herencia que mi abuelo le dejó a mi padre, y que un día se las dejó olvidadas en el pueblo. También me dijo, mientras ocupaba con nuevas revistas el hueco que la caja había dejado en el armario, que estaba seguro de que a mi padre le hubiera gustado que tuviera ambas cosas, y que por eso me las daba.

Me pasé el resto del fin de semana escribiendo con estas letras de metal, que son como las de mis reglas de letras pero como mucho más auténticas y artesanales, y ayer por la noche aproveché para cambiar el cartelito que tengo en cada una de mis colecciones, el que indica qué contiene cada una, por uno escrito con estas letras. Es un poco aparatoso porque las letras son un poco grandes y los carteles ahora ocupan más espacio, pero da igual porque la verdad es que quedan chulísimos así. De hecho estoy por aprovechar que algunos cartelitos de la oficina están un poco hecho polvos para cambiarlos por unos nuevos escritos con estas letras. Seguro que a la gente le va a encantar. Y me muero de ganas por enseñárselas a Carlitos, porque estoy seguro de que le van a gustar mucho, aunque como ni ayer ni hoy ha venido a trabajar todavía no ha podido verlas.



jueves, marzo 24, 2005

Ayer fue un día raro en la oficina. De camino al trabajo no me encontré con Carlitos en la parada del autobús donde solemos quedar. En un principio pensé que sería porque el martes debió de quedarse hasta tarde en el sótano haciendo fotocopias del nuevo número de su fanzine, ya que me dijo que quería fotocopiarlo todo antes de Semana Santa para aprovechar las vacaciones para graparlo, pero al llegar a la oficina apenas había nadie, así que imagino que le pasó como a casi todo el mundo y se pensó que las vacaciones empezaban el miércoles en vez de el jueves. Ayer, excepto Tomás y algún otro compañero, apenas vino nadie a trabajar.

La oficina es un poco aburrida cuando no tienes a nadie a quien contarle tu día a día en el trabajo. El miércoles me di cuenta de que la última remesa de folios que nos han enviado vienen con el código de barras cambiado por el de las cajas de los pilot de color negro, lo cual me hizo mucha gracia, pero cuando me levanté a contárselo a alguien me di cuenta de que la única persona a la que se lo podía contar era a Tomás, que estaba muy ocupado riéndose de los chistes del Sr. Director.

En cualquier caso estos días lo voy a pasar peor. Dentro de un par de horas me voy con mi madre a la estación de autobuses camino del pueblo de los tíos, y la verdad es que no me apetece nada. Para entretenerme me llevo el listado de mis colecciones para repasarlo allí, pero sin tenerlas a mano para comprobar si todo está correcto va a ser un poco difícil revisarlo como toca.



lunes, marzo 21, 2005

Cuando he llegado esta mañana a la oficina he pasado un buen rato pensando que me había equivocado de día, porque la euforia de mis compañeros no era la propia de un lunes. Para mí los lunes son prácticamente el mejor día de la semana, aunque es algo que intento disimular porque ya he comprobado más de una vez que es muy fácil caerle mal a la gente si sonríes demasiado los lunes, pero el caso es que hoy todo eran risas y gente silbando y charlando amistosamente. A la hora del almuerzo me he enterado del motivo: esta semana es Semana Santa, por lo que tanto el jueves como el viernes es festivo. De ahí la alegría de mis compañeros. Menudo fastidio.

Tiendo a olvidarme de las fiestas tanto como mi padre se olvidaba de que los lunes había que volver a la oficina a trabajar. Que nadie le malinterprete: mi padre fue el mejor oficinista de su promoción, un trabajador nato, pero precisamente por esto, por lo mucho que trabajaba, necesitaba descansar mucho los fines de semana para volver los lunes al trabajo con energía suficiente como para hacer frente a la semana. Por esto mismo, por lo mucho que tenía que descansar, había lunes que se levantaba pensando que todavía era domingo, o al menos eso me contaba cuando volvía del colegio con mi madre y nos lo encontrábamos en el sofá viendo la tele. Estoy seguro de que él me entendería. A él también le parecería fatal tener que trabajar esta semana sólo tres días.

Pero lo peor es que además, cuando he llegado a casa, me ha dicho mi madre que el jueves nos iremos al pueblo de los tíos, que hace poco han operado al tío Miguel de una verruga que le había salido en la nariz y así vemos como está. Dice que pasaremos allí todo el fin de semana, hasta el domingo. Qué aburrimiento. Justo este fin de semana, que pensaba ordenar y catalogar mi colección de fundas de máquinas de escribir. A ver qué me invento para entretenerme allí estos días.



jueves, marzo 17, 2005

Había pensado quedarme a hacer alguna hora extra hoy, pero al final lo que he hecho ha sido esperar a la secretaria de dirección a la salida, con las fotos de cuando iba al colegio. Ha tardado en salir. Bastante. Tanto que he llegado a pensar que quizá habría salido antes que yo, pero no, justo cuando me iba a ir ha aparecido. Me he acercado a ella y le he preguntado que qué tal el día, que si ha tenido mucho trabajo. Me ha respondido que quién era. Le he dicho que el jefe del departamento de materiales, que estuvimos hablando hace unos días. Se me ha quedado mirando, como pensativa, o extrañada, no sé. Le he dicho que era el del bolígrafo de diez colores, y mientras caminábamos hacia el semáforo le he enseñado las fotografías y he empezado ha explicarle lo de que quizá esté en una de ellas aunque yo no la reconozco... pero antes de terminar de explicárselo se ha subido en un coche, me ha dicho "Ah, estupendo" y luego ha cerrado la puerta.

Está claro: es tímida.



martes, marzo 15, 2005

Justo antes de comer he subido a la última planta para recordar viejos tiempos con la secretaria de dirección. Ayer le pregunté a mi madre si todavía guardaba las fotos que todos los años nos hacían en el colegio a cada clase, y me dijo que sí. Estaban en el armario, en una caja, junto con mi vieja colección de grapadoras. He estado buscando a la secretaria en las fotos pero no la he visto en ninguna. Haciendo memoria, creo que fui con ella a clase en quinto, pero si se cambió de colegio quizá nos hicieran la foto cuando ella ya no estaba. En cualquier caso me he llevado esa foto y otras, porque imagino que se acordaría del resto de compañeros, pero cuando he llegado a su puesto no estaba.

He pensado que quizá estaría en el despacho del Sr. Director, así que he llamado a la puerta y, justo cuando iba a abrir, el Sr. Director ha gritado "¡Estoy ocupado ahora, no pase!", así que me he vuelto a mi mesa. Luego, por la tarde, he tenido bastante trabajo, así que no he podido volver por allí. Ya me acercaré mañana, si acaso.



lunes, marzo 14, 2005

Menuda sorpresa me he llevado esta mañana. He llegado a la oficina decidido a solucionar lo del bolígrafo, y así lo he hecho, pero no como yo esperaba. He subido a la última planta, me he dirigido al puesto de la secretaria de dirección y le he preguntado si el Sr. Director ya había vuelto de su viaje… pero al final eso ha dado un poco igual, porque mientras me contestaba he comenzado a oler a rojo fresa, he visto un folio sobre su mesa escrito con esa tinta y, cuando me he fijado bien, me he dado cuenta de que en vez de mordisquear su rotulador indeleble, como hace habitualmente, lo que mordisqueaba era… ¡mi bolígrafo de diez colores!

Me he quedado boquiabierto. Le he preguntado que de dónde lo había sacado, no sea que me estuviera equivocando y diera la casualidad que se hubiera comprado uno exactamente igual que el mío, porque estas cosas pasan. Me ha dicho que se lo encontró en el suelo hace un par de semanas, una noche que se quedó hasta tarde trabajando con el Sr. Director. Mariana, la señora de la limpieza, andaba limpiando la oficina, y como es habitual en ella limpia con tanta energía que la mitad de las cosas que hay sobre las mesas acaban en el suelo. Luego las recoge, claro… o bueno, al menos algunas de ellas, pero imagino que mi bolígrafo se cayó justo cuando la secretaria pasaba por allí. Me ha dicho que se lo llevó a casa porque le gustó mucho, y que desde entonces lo ha estado utilizando para rellenar los informes del Sr. Director. Le he dicho era mío pero que si quería se lo dejaba, porque tengo el otro que me regalaron en casa y me lo puedo traer a la oficina. "Ah, estupendo", me ha dicho.

De todas formas ésta no ha sido la sorpresa. Lo que me ha dejado sin habla ha sido que, hablando con ella, me he enterado de que, en parte, el bolígrafo le gustó tanto porque le recordaba a uno que tenía un niño en su clase cuando era pequeña. Me ha dicho que acabó quitándoselo antes de cambiarse de colegio. Creo que ya lo conté por aquí, que de pequeño tuve uno pero se lo acabó quedando una compañera de clase… ¡y esta compañera resulta que es la secretaria de dirección! Está claro, no cabe duda... es ella. Se lo he contado, entusiasmado, y a ella también le ha sorprendido mucho porque me ha dicho "Ah, estupendo" justo antes de bajar de nuevo la mirada y seguir trabajando. Pero así como muy entusiasmada, o eso me ha parecido a mí. ¡Menuda sorpresa!



jueves, marzo 10, 2005

De camino a la oficina le he contado a Carlitos lo del Sr. Director y el bolígrafo de diez colores. Carlitos me ha dicho que debo estar equivocado, que no cree que sea cosa del Sr. Director. En parte creo que puede tener razón. Un bolígrafo de diez colores es algo muy tentador, para cualquiera, pero estamos hablando del Sr. Director, aquel cuyo ejémplico modelo deberíamos seguir todos los empleados. Robar un bolígrafo no me parece algo propio de él. Ya me lo decía mi padre: el Sr. Director es un trabajador nato. Creo que la expresión exacta era "se ha trabajado a media oficina", lo que imagino querrá decir que a pesar del ser el hijo del fundador debió de trabajar antes en la empresa, asumiendo diferentes cargos. Me parece la mejor forma de merecerse el puesto de Director: conocer antes todos los entresijos de la oficina. En cualquier caso, cuando me he acercado a su despacho para hablar con él, la secretaria de dirección me ha dicho que ha salido de viaje de negocios y que no volverá hasta el lunes... así que hasta el lunes no podré decirle nada.

Se lo he comentado a Carlitos a la salida, y él ha aprovechado para contarme que ya tiene casi terminado el próximo número de Celuloide, su fanzine. Dice que como el anterior le funcionó muy bien éste va a ser un especial, con más páginas, y que va a aumentar la tirada en 200 copias más. Al llegar a casa he calculado cuántas horas extra voy a tener que hacer para pagar el gasto de tinta y papel, y creo que la semana que viene no me quedará otra que pasar bastante tiempo en la oficina. Estupendo.



miércoles, marzo 09, 2005

Justo cuando pensaba que no iba a saber nada más de mi bolígrafo, esta mañana he descubierto quién me lo ha robado. Por pura casualidad. Me he quedado boquiabierto: ¡ha sido el Sr. Director! Resulta que esta mañana me ha llamado a su despacho para comentarme un par de temas acerca de los últimos pedidos de material, y ha sido sentarme en la silla de su despacho, frente a él, y comenzar a oler algo que me resultaba familiar. Al principio no sabía muy bien lo que era, pero ha sido ver una hoja sobre su escritorio escrita de arriba abajo, en diferentes colores, y darme cuenta de que lo que estaba oliendo era el rojo fresa, el amarillo limón y el verde clorofila combinados. ¡Me he puesto súper nervioso! No daba crédito a lo que estaba viendo y oliendo, así que me ha costado entender qué me ha dicho sobre los pedidos después del descubrimiento.

Tan conmocionado me he quedado que he salido de allí sin apenas darme cuenta de que me estaba cruzando con la secretaria de dirección, mi querida secretaria dirección, a la que no veía desde enero. Estaba bien guapa, con su moño, su collar de perlas blancas y su rotulador indeleble en la mano. Pero bueno, el caso es que ahora estoy completamente descolocado, porque no sé qué hacer. No me esperaba esto del Sr. Director, pero algo tendré que decirle. Intentaré hablar con él del tema mañana.



martes, marzo 08, 2005

El lunes, mientras comía con Carlitos, se me ocurrió una forma de descubrir al ladrón de mi bolígrafo de diez colores. Carlitos me estuvo hablando de un documental que vio sobre animales y cazadores en televisión, así que mientras esperábamos el postre estuve pensando en todo lo que me había contado, y se me terminó ocurriendo que podría intentar algo parecido. Eso he hecho hoy.

Ayer fui a la tienda y compré tres bolígrafos de cuatro colores, como el que me compré en enero. Hoy me he llevado los tres al trabajo, junto con un rollo de hilo de pescar que tenía mi madre en el armario del pasillo. Originalmente pensé en utilizar la cinta correctora, pero hice una prueba en casa y me di cuenta de que no sólo se rompe con facilidad sino que además con ella dejas el suelo perdido... pero bueno, el caso es que desechada la cinta correctora, mi idea consistía en dejar los tres bolígrafos en tres lugares concretos de la oficina y atarlos sin que se notara mucho con el hilo de pescar hasta mi escritorio, para así darme cuenta de si alguien los cogía, como hizo el ladrón de bolígrafos con el mío de diez colores. He pensado que sería una buena manera de descubrir sospechosos, así que eso he hecho. He dejado uno cerca de la entrada, otro delante de la máquina de café y el tercero a un metro del puesto de trabajo de Marta, de lejos tres de los lugares más concurridos de la oficina. Lo he hecho a la hora de comer, atando el hilo de pescar a cada uno y enganchando el otro extremo de cada hilo a una de las patas de mi mesa. El que más problemas me ha dado ha sido el de la entrada, ya que mi puesto de trabajo se encuentra en el segundo piso, pero lo he solucionado llevando el hilo de pescar por la escalera, de la entrada hasta mi escritorio. Una vez puesta la trampa me he sentado en mi silla a trabajar, como todos los días.

Los resultados no han sido los que yo esperaba. El primer hilo que se ha tensado ha sido el del bolígrafo de la entrada, así que me he acercado allí con disimulo y al parecer lo que estaba pasando es que alguien le había dado una patada sin darse cuenta al salir y el bolígrafo había acabado enganchado en la puerta giratoria de la entrada. He intentando ayudar al Sr. Paco a desengancharlo, pero al tercer grito que me ha dado he pensado que quizá no era tan buena idea. Al volver al puesto de trabajo he visto que alguien estaba tirando del hilo del bolígrafo que había dejado delante de la máquina de café, así que me he acercado por allí rápidamente y me he encontrado con cinco compañeros en el suelo, tratando de desenredarse del hilo. Según me he podido enterar luego, parece que fueron a tomar un café allí al volver de comer y, tras un rato de charla, se engancharon con el hilo y se cayeron al suelo al intentar separarse y volver a sus puestos de trabajo. El hilo del tercer bolígrafo no ha llegado a tensarse en toda la tarde, pero poco antes de la hora de cierre he visto acercarse a Marta a mi puesto con él en la mano: me ha dicho que lo había visto en el suelo cerca de su mesa y como le sonaba que le había hablado del que me compré había pensado que era el mío y que se me había caído allí.

Definitivamente, creo que va siendo hora de hacerme a la idea de que mi bolígrafo de diez colores no va a aparecer nunca. Qué rollo.



domingo, marzo 06, 2005

El viernes me costó concentrarme en el trabajo, porque sólo podía pensar en una cosa: mi bolígrafo de diez colores, el que me han robado. La verdad es que por más que lo pienso no sé quién lo puede tener. Este fin de semana lo estoy dedicando a hacer listas de la gente de la oficina, ordenándolas por la relación que tiene cada persona conmigo, lo cerca o lejos que trabajan de mi puesto y la cantidad de bolígrafos que me han pedido en los últimos meses. Pero nada, no saco nada en claro. Todavía tengo el de cuatro colores que me compré y el otro de diez que me regaló Lucía, pero me fastidia cantidad que me hayan quitado el que me envió Belén.

Mi padre me contó una vez que le robaron una corbata en el trabajo. Resulta difícil de creer pero así fue: un día se fue a la oficina con ella y al volver no la llevaba puesta. Era una corbata súper chula, amarilla, con topos naranjas y estrellitas azul celeste. Se la había regalado mi madre por su cumpleaños, pero justo el día que se la puso para estrenarla fue cuando se la robaron. A mi padre le sentó mal, o eso me dijo, pero se recuperó pronto de la pérdida. Quizá debería intentar hacer lo mismo que él, pero a mí no sé si me va a resultar tan fácil recuperarme de esto.



jueves, marzo 03, 2005

¡Me han robado el bolígrafo de diez colores! ¡El que he estado dejando estos días en la oficina! Cuando he llegado al trabajo no estaba, y estoy convencido de lo que lo dejé allí ayer, junto a la grapadora, entre la caja con los clips y los informes de febrero. He preguntado a la gente de mi departamento pero no ha servido de mucho, porque la mayoría se ha pensado que estaba preguntándoles de nuevo por los materiales que iban a necesitar este mes y me han pegado un grito antes de seguir a lo suyo. Viendo que allí no solucionaba nada he bajado a hablar con el Sr. Paco, el conserje, y le he preguntado si ayer por la tarde o esta mañana vio salir a alguien con pinta sospechosa y con algún bulto bajo la chaqueta que pudiera ser un bolígrafo de diez colores. Tras hacerle mi pregunta y veinticinco segundos después de mirarme fijamente sin decirme nada, me he dado cuenta de que el Sr. Paco tampoco me iba a poder ayudar mucho. No sé qué hacer. A la hora de la comida he ido planta por planta mirando aquí y allá en busca del bolígrafo, pero nada, no ha servido de nada. No sé dónde está. No sé quién puede haberlo cogido. No me sentía así de mal desde el día en que volví de comer y me encontré manchas de café en mi nómina recién firmada. Menudo fastidio.



miércoles, marzo 02, 2005

Ayer tuve bastante trabajo en la oficina, porque como todos los primeros martes de cada mes me tocaba preparar el pedido de materiales. Ya hice un simulacro de pedido la semana pasada, pero aun así he vuelto a hacerlo de nuevo por si alguno de mis compañeros había cambiado de opinión. La mayoría han pedido más o menos lo mismo. Otros me han mirado con cara rara y me han preguntado si no me lo habían dicho ya hace cuatro días. El resto ni me ha contestado. En mi oficina hay gente muy volcada en su trabajo, gente con la que casi nunca he podido hablar ya que hacen como si el resto del mundo no existiera. O al menos como si no existiera yo... aunque ahora que lo pienso muchos son los mismos que luego tampoco me hablan en los descansos delante de la máquina de café. Bueno, imagino que será porque aun descansando siguen pensando en su trabajo. Debe ser eso.

A modo de recompensa por el trabajo bien hecho y aprovechando que ya he cobrado febrero, esta tarde me he pasado por la papelería de mi barrio y me he comprado una cinta correctora Milan. Pero no una cualquiera, no, sino una con la carcasa transparente. Me encantan los materiales de oficina transparentes. Ya desde pequeño siempre me gustó entender cómo funcionaban las cosas que me compraba, de hecho recuerdo que una vez desmonté un sacapuntas eléctrico para ver su mecanismo, aunque luego no debí montarlo demasiado bien porque en vez de sacarle punta a los lápices los trituraba. Desde entonces mi madre lo utiliza para rallar queso.

Llevo un buen rato aquí escribiendo cosas en una hoja con el boli de diez colores que me regaló Lucía y luego borrándolas con la cinta correctora. Es divertido, porque como las tintas huelen, al juntarse su olor con el de la cinta hacen que huelan de forma diferente. El rojo, por ejemplo, al pasarle la cinta correctora por encima huele como fresas con nata. Es muy entretenido. El otro bolígrafo de colores, el que me regaló Belén, lo dejé la semana pasada en la oficina: mañana me llevaré la cinta correctora al trabajo para ver cómo cambian de olor sus tintas. Y luego compararé olores.